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domingo, 1 de junio de 2014

EMA WOLF


Nació en Carapachay, provincia de Buenos Aires, en 1948. Se graduó en Lenguas y Literaturas Modernas en la Universidad de Buenos Aires. Colaboró en distintos medios periodísticos y empezó a publicar textos para chicos a mediados de los años 70. Su primer libro, Barbanegra y los buñuelos, apareció 1984 y desde entonces participó activamente en el campo de la literatura para chicos con novelas, cuentos, artículos y conferencias brindadas en Argentina y el exterior. Algunos de sus libros fueron traducidos al holandés, italiano, portugués y alemán. Su trabajo ha sido ampliamente reconocido. Por Historias a Fernández ganó el Premio Nacional de Literatura Infantil 1994 y fue finalista en el Casa de las Américas. En 1994 y 2004 recibió el Konex al mérito. Tres veces fue nominada por la Argentina para el Premio Hans Christian Andersen. Varios de sus libros fueron recomendados por The White Ravens, el Banco del Libro de Venezuela y la Lista de Honor IBBY. En 2006 El turno del escriba, novela para adultos escrita en colaboración con Graciela Montes, ganó el Premio Alfaguara de Novela en 2005, España.

el mensajero olvidadizo
 lupertius
bajo el sombrero de juan
 Pulgas

Lecturas recomendadas de Ema Wolf - Secuencias de lectura - En: Leer y escribir: el día a día en las aulas, Ana María Kaufman
 seguir wolf en Kaufman
seguir un autor wolf
seguir a una autora wolf
Del libro "La aldovranda en el mercado", Buenos Aires, Sudamericana, 1999

la momia desatada
El cangrejo de las salinas
En el libro ¡Qué animales!, Buenos Aires, Sudamericana, 1995

EL CANGREJO DE LAS SALINAS
El día robado
En: El libro de los Prodigios, Buenos Aires, Norma, 2003
EL DIA ROBADO

El encarnado
En Fámili, Buenos Aires, Sudamericana, 1992
EL ENCARNADO
El gato de arena
En: El libro de los Prodigios, Buenos Aires, Norma, 2003
EL GATO DE ARENA
El mástil parlante
En el libro: La galleta marinera, Buenos Aires, Sudamericana, 2008
EL MASTIL PARLANTE
El señor Lanari
En el libro: Los Imposibles, Buenos Aires, Sudamericana, 1996
EL SEÑOR LANARI
La casa bajo el teclado [Fragmento] 
En el libro: La casa bajo el teclado, Buenos Aires, Norma, 2009
LA CASA BAJO EL TECLADO
La gran duquesa y la papa 
En el libro: Historias a Fernández, Buenos Aires, Sudamericana, 1994
LA GRAN DUQUESA Y LA PAPA
Pollos de Campo. Capítulo 1 [Fragmento]
En el libro: Pollos de Campo, Buenos Aires, Alfaguara, 1997
POLLOS DE CAMPO
¿Qué pasa, Mecha?
En el libro: Nabuco, etc., Buenos Aires, Norma, 1998
QUÉ PASA MECHA
ENTREVISTAS Y CONFERENCIAS
LITERATURA Y OXIGENO
textos para todos
el lector modelo
El humor en la literatura
30/09/2008 - Leído en feria del libro de Medellín. Colombia
el humor en la literatura
confusiones
Lectura la libertada condicionada 
23.09.2010 - leído en la IX Feria del Libro y de las Artes de Necochea (Buenos Aires)
lectura la libertad condicionada
Jornadas de Capacitación de Alfabetización Inicial auspiciadas por el Ministerio de Educación. Leído en Hotel Bauen, Buenos Aires
decisiones

sábado, 1 de diciembre de 2012

El Rey que no quería bañarse (Ema Wolf)


Las esponjas suelen contar historias muy interesantes, el único problema es que lo cuentan en voz muy baja y para oírlas hay que lavarse muy bien las orejas. Una esponja me contó una vez lo siguiente: En una época lejana las guerras duraban mucho, un rey se iba a la guerra y tardaba treinta años en volver, cansado y sudado de cabalgar, y con la espada tinta en chunchulín enemigo.

Algo así le sucedió al rey Vigildo. Se fue a la guerra una mañana y volvió veinte años más tarde, protestando porque le dolía todo el cuerpo.

Naturalmente lo primero que hizo su esposa, la reina Inés, fue prepararle una bañera con agua caliente. Pero cuando llego el momento de sumergirse en la bañera, el rey se negó.

-No me baño –dijo- ¡No me baño, no me baño y no me baño!

La reina, los príncipes, la parentela real y la corte entera quedaron estupefactos.

-¿Qué pasa majestad? – Preguntó el viejo chambelán

- ¿Acaso el agua está demasiado caliente? ¿El jabón demasiado frío? ¿La bañera demasiado profunda?

-No, no y no –contestó el rey- pero yo no me baño nada.

Por muchos esfuerzos que hicieron para convencerlo, no hubo caso.

Con todo respeto trataron de meterlo en la bañera entre cuatro, pero tanto grito y tanto escándalo formo para escapar que al final lo soltaron.

La reina Inés consiguió cambiarle las medias, -¡las medias que habían batallado con el veinte años! - pero nada más.

Su hermana, la duquesa flora le decía:

-¿Qué te pasa Vigildo? ¿Temes oxidarte o despintarte o encogerte o arrugarte..?

Así pasaron días interminables. Hasta que el rey se atrevió a confesar:

- ¡Extraño las armas, los soldados, las fortalezas, las batallas! Después de tantos años de guerra, ¿Qué voy a hacer yo sumergido como un besugo en una bañera de agua tibia? Ademas de aburrirme, me sentiría ridículo.

Y termino diciendo en tono dramático:

- ¿Qué soy yo, acaso un rey guerrero o un poroto en remojo?

Pensándolo bien el rey Vigildo tenía razón. ¿Pero cómo solucionarlo? Razonaron bastante, hasta que al viejo chambelán se le ocurrió una idea. Mando hacer un ejército de soldados del tamaño de un dedo pulgar, cada uno con su escudo, su lanza, su caballo, y pintaron los uniformes del mismo color que el de los soldados del rey. También construyeron una pequeña fortaleza con puente levadizo y con cocodrilos del tamaño de un carretel, para poner en el foso del castillo. Fabricaron tambores y clarines en miniatura. Y barcos de guerra que navegaban empujados a mano o soplidos.

Todo esto lo metieron en la bañera del rey, junto con algunos dragones de jabón.

Vigildo quedo fascinado. ¡Era justo lo que necesitaba!

Ligero como una foca, se zambullo en el agua. Alineo a sus soldados, y ahí, no mas inicio un zafarrancho de salpicaduras y combate. Según su costumbre daba órdenes y contraordenes. Hacía sonar la corneta y gritaba:

-¡Avanzad mis valientes! Glup, glup. ¡No reculéis cobardes! ¡Por el franco izquierdo! ¡Por la popa…! Y cosas así.

La esponja me contó que después no había forma de sacarlo del agua.

También que esa costumbre quedó para siempre. Es por eso que todavía hoy, cuando los chicos se van a bañar, llevan sus soldados, sus perros, sus osos sus tambores sus cascos sus armas, sus caballos sus patos y sus patas de rana.

Y si no hacen eso, cuénteme lo aburrido que es bañarse.